Un dato preocupante que muestra un clara limitación a las posibilidades de desarrollo del país es la escasez de recursos que se destinan a la investigación científica y tecnológica (CyT). Argentina invierte menos del 0,3% de su PBI (producto bruto interno) en CyT, unas 10 veces menos que Japón, EEUU o el promedio de la Unión Europea y un tercio de lo destinado por Brasil. Cabe señalar que la Acedemia de Ciencias del Tercer Mundo, con sede en Trieste, estima que para dinamizar su desarrollo un país debe gastar en CyT más del 1% de su PBI.
El problema se agrava al considerar la insignificante participación del sector privado de nuestro país en desarrollo científico y tecnológico. En Argentina el 95% del gasto total en CyT y el empleo del 87% de los investigadores corresponden al Estado, mientras que en la mayoría de los paises desarrollados el esfuerzo es llevado a cabo principalmente por el sector privado.
A esta falta de recursos se suman otros dos problemas: en primer termino, la ineficiencia de las instituciones destinadas a difundir la de por sí escasa tecnología existente; segundo: la falta de inversión en Investigación y Desarrollo (IyD) fuera de los límites de los grandes conglomerados urbanos del país. Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y la C.A.B.A. concentran actualmente el 60% del gasto en IyD, lo cual impide que se generen las condiciones para el desarrollo más allá de estas 4 áreas centrales.
Estos datos hablan claramente de un importante atraso tecnológico, de investigación y educación, y de una preocupante tendencia a que este retraso con respecto al resto del mundo empeore.
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